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Las Maravillosas Islas Azores
A 1.500 kilómetros al oeste de la costa portuguesa, en pleno Atlántico, se encuentran nueve preciosas islas verdes: Las Azores.
La fisonomía de este archipiélago portugués ha sido moldeada por los vientos alisios y los volcanes; las islas son rocas, cimas de volcanes submarinos, cubiertas por una exuberante vegetación.
En 1439 llegaron a las costas de Azores los primeros portugueses que quedaron maravillados por el paisaje que tenían ante sus ojos. Enseguida empezaron a poblarlo, llenándose de granjas y bonitas ciudades. Sus puertos se convirtieron en escalas para los barcos mercantes que iban hacia las colonias sudamericanas. Afortunadamente su naturaleza se mantuvo intacta.
Para visitar estas islas lo mejor es tomar el avión en Lisboa y aterrizar en Sao Miguel; esta isla tiene un verdor que es un placer para la vista. Es la más larga del archipiélago y está formada por tres grupos volcánicos alineados, el de las Furnas, al este, el de Sete Cidades al oeste, y un territorio central con cráteres menores, entre los que destaca la caldera inundada por el lago de Fogo.
La capital de la región autónoma de Azores es Ponta Delgada, un bonito puerto de la costa sur y la puerta de entrada al archipiélago. Su casco histórico tiene un bonito aire colonial con sus fachadas encaladas, y la piedra negra volcánica se mezcla con una arquitectura barroca que recuerda a las ciudades del norte de Portugal.
Ponta Delgada se prolonga hacia el este en el casco urbano de Sao Roque, aquí hay una iglesia barroca que mira a una playa de arenas volcánicas. Es la primera cala que encontramos, después serán muchas las que forman esta abrupta costa. Los acantilados son negros, están formados por placas de lava. La carretera de circunvalación que recorre la isla, atraviesa poco después la aldea de Lagoa y, en menos de dos horas, un desvío nos lleva al lago de Fogo. Esta caldera volcánica está situada en lo alto de un macizo que divide la isla en dos y que tiene su cumbre más alta en el pico de Barrosa, de 949 metros. Sin siquiera bajarse del coche, tenemos unas hermosas vistas, ya que la carretera que bordea el cráter es un mirador aéreo estupendo.
Volvemos a la costa, ahora vamos a ver el macizo de las Furnas, una zona volcánica sumergida en un bosque tropical, donde hay helechos gigantes, brezo y laurisilva. El terreno es como una sartén con agua en ebullición, barros borboteando y fumarolas. La última erupción fue 1630. Contiene 23 variedades de aguas termales, durante el siglo XIX, la clase alta se hizo construir sus casas de vacaciones para disfrutarlas.
Los habitantes de Sao Miguel van a la zona de las Furnas al menos una vez al año, allí hacen un cocido especial y tradicional de la zona; se ponen todos los ingredientes en una olla sellada que se introduce en el interior de la tierra para que hierva con el calor del suelo. También se celebra una procesión el domingo siguiente a pascua, es la procesión del Señor de los Enfermos. Lo más bonito son las alfombras que se hacen en esta fecha con pétalos de dalias y hortensias.
Nos trasladamos ahora al pueblo pequeño y encantador de las Sete Ciudades, que está hundido en el fondo de un antiguo cráter junto a un gran lago. Vamos a subir al mirador de Vista do Rei, desde aquí las aguas parece que forman dos lagos siameses, el menor de agua verde porque refleja los colores del bosque y el mayor de color azul, porque refleja el color del cielo. Hay una leyenda que cuenta que el lago azul se formó con las lágrimas de una princesa de ojos azules y el verde por un pastor de ojos verdes, que vivieron un amor imposible.
Toda esta impresionante belleza se aprecia muy bien andando. Hay muchos caminos para hacer senderismo y muchos miradores para contemplar el paisaje.
En el litoral norte hay una preciosa población llamada Ribeira Grande, con molinos de agua e iglesias barrocas. No podemos dejar de visitar los preciosos pueblos de San Antonio, San Pedro y Nordeste, que parecen detenidos en el tiempo. Aquí también se puede hacer senderismo y llegar hasta Fail de Terra, donde se encuentra la fantástica cascada de Salto do Prego, en el parque forestal de Agua Retorta. Esta es la zona más húmeda de la isla y en el mismo día se pueden vivir las cuatro estaciones por el famoso anticiclón de las Azores.
Para disfrutar de la belleza de la isla del Pico, tenemos que coger un vuelo de una hora de duración desde la isla se Sao Miguel. El cono volcánico que surge del mar y se levanta hasta los 2351 metros de la cima, ocupa casi toda la superficie del Pico. La maravillosa cumbre se puede contemplar desde todas las localidades de la isla y desde las vecinas Faisal y Sao Jorge. Las tres islas forman las llamadas islas del triángulo. Están tan cerca, que desde cualquiera de ellas se puede contemplar las otras. En las aguas que forman el triángulo, viven colonias de cachalotes y 24 especies de cetáceos. Desde el puerto de la localidad de Lajes do Pico, hay salidas en barco para contemplar delfines y cachalotes.
El puerto principal del Pico, es Madalena, que es también su capital. Los pueblecitos pegados a la costa, con sus pequeñas iglesias blancas, son muy bonitos.
Nuestra última parada es Horta, la ciudad más cosmopolita de las Azores. Está en la isla de Faial. Aquí hay un curioso museo que se dedica a tallar y dibujar en los dientes de los cachalotes. También en esta isla se encuentra el volcán de Caldeira.
La gastronomía de la isla se basa en los productos del mar. Pescados y mariscos frescos, fresquísimos. Un buen sitio para degustarlos es el Peter's Café Sport, inaugurado en 1918, casi nada.
Hay en el mundo muchas islas paradisíacas, Las Azores las tenemos relativamente cerca y no se quedan atrás.
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